Mi historia real de fantasmas

 

 

“Y en la profunda oscuridad permanecí largo tiempo atónito, temeroso… Soñando sueños que ningún mortal se haya atrevido a soñar jamás”

Edgar Allan Poe

 

Esta es mi historia real de fantasmas…

Hace un buen puñado de  años, principios de los noventa, me hallaba veraneando en la casita de campo de mis padres. En el término de Picassent, un pueblo a pocos kilómetros de Valencia.

Esto en verdad es poco destacable en mi vida ya que he pasado allí gran parte de la infancia.

Bien, se trata de una parcela de terreno con dos alturas de campo. Antiguamente era una ladera en pendiente cubierta de vides.
En el primer nivel encontramos una casa pequeña y acogedora, una buena sombra, un asador/paellero, muchas flores, el vicio de mi madre, y tumbonas por doquier. Adentrándonos un poco tenemos el limonero, unos naranjos, algo de terreno para cultivar, más árboles y muchos gatos. También algún perro.

Ya han pasado muchas generaciones de mascotas por allí que nunca olvidaré.

Arriba, el sitio para el coche, más árboles y la piscina. Sin duda la joya de la corona de todos los veranos. Pero eso es otra historia.

Volviendo al día que nos atañe, andaba por ahí correteando, jugando con mis primos y otros amigos, y, sin razón aparente y tal vez fruto de la “monotonía” veraniega, decidimos hacer una sesión de espiritismo.
Mis primos venían de la parcela justo debajo. La de mis tíos.

Recuerdo que hacía bastante calor. Y quien sabe si por eso decidimos probar algo diferente. Así que nos escondimos en el cuarto de herramientas de mi tío.

Aquella estancia siempre era fría y oscura, sin importar demasiado la época del año. Oscura porque apenas tenía un respiradero frente a la puerta. Incluso durante el día era necesario ayudarse de luz artificial para controlar todos los recovecos.
Imaginad una habitación con una bancada a la izquierda, y con multitud de herramientas colgadas: sierras de distintos tamaños, martillos, diversos alicates, destornilladores… a la derecha, varias bicicletas y una moto maltrecha.
Al fondo multitud de trastos, pienso para animales, azadas, utensilios para la piscina, etc. Entre ellos, la típica red atada a un marco y éste a su vez a una caña que se usa para retirar los insectos del agua de la piscina.
El caso es que nos encerramos allí.

Se puede decir que mi prima dirigía el experimento ya que nos dispuso a todos en círculo. Debíamos ser cinco o seis niños y ella era la mayor. Casi adolescente. Yo la seguía en cuanto a edad.

Una vez sentados en aquel suelo de cemento frío, cerró la puerta y volvió con nosotros.

No se si porque el espiritismo me imponía respeto, algo lógico por otro lado, o cual fue la razón, pero comencé a no estar a gusto allí. Podría decir sin excederme que sentía miedo.

Poco después, la tenue luz que entraba por el respiradero permitió que, aunque con cierta torpeza, uniéramos las manos. Fue cuando la improvisada médium aprovechó para preguntar…“¿Hay alguien más con nosotros?”, “Muéstrate”, “Haznos una señal, la que sea…”
Esas frases hicieron mella en mi interior. No se si fruto de la sugestión o no, pero podía sentir un escalofrío en la nuca. Como si tuviera algo detrás. Claro que no dejaba de ser una sensación…sólo eso…

Mi prima seguía haciendo todas aquellas preguntas que ya estaban resultándome muy molestas. Me estaba cansando de aquello pero no veía el modo de salir de allí. No estaba a gusto. Podría decir que casi había perdido la noción del tiempo. Casi en un estado de duerme vela…

Fue entonces cuando un fuerte ruido casi nos mata del susto. Algo metálico cayó de la pared y machacó nuestra consciencia.
Aquello logró que nos soltáramos de golpe y saliéramos corriendo en todas direcciones. No sin antes observar atónitamente como aquella red, ya mencionada, caía sobre la cabeza de uno de mis primos arrastrándolo hacia una de las zonas más oscuras de la habitación.
No podía creer lo que estaba viendo… ¿podría estar ocurriendo algo así?
Al segundo, la claridad inundó parte de la estancia. Alguien había abierto la puerta. Hecho que todos aprovechamos para salir de allí como almas llevadas por el diablo.

Mis primos entraron en su casa y el resto nos fuimos cada uno a la suya. Como desconocidos.
Os puedo asegurar que con el paso del tiempo jamás volvimos a hablar de lo sucedido aquel día. Como si nunca hubiera pasado.

Muchos no lo creeréis, otros sí, pero a todos os aseguro que tras este viaje en el tiempo, y pese a la experiencia de los años, todavía no logro entender lo que pasó en esa habitación.

Y vosotros, ¿conocéis alguna historia real de fantasmas?¿habéis tenido experiencias similares?  Tal vez sea un buen momento para compartirlas.

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4 comentarios de “Mi historia real de fantasmas

  1. Joaquin Sanchez dice:

    yo muchas veces viendo pelis de miedo pienso, pero porque no hechan a correr como si no hubiera mañana jajajaj yo lo haría sin dudarlo, que veo que se están cargando a todos mi grupo pues a correr, que veo que nos persiguen por el bosque unas cosas chungas pues a correr … jajajajaj menudo machote que estoy hecho.

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